Este es el primer tema que trataremos en este blog, un tanto descuidado hasta ahora, pero que proximamente intentaremos sacarle todo el brillo que se merece. Nuestro sistema de escritura es sencillo. Se propone un tema, cada uno escribe sobre él por separado y luego se publican los dos. Para inaugurar este blog hemos elegido este tema en particular ya que la creación de este espacio virtual coincidió con la creación de un espacio físico real(?) que actualmente comparten Candela y Leon y, para el cual, aparte de paciencia (...), fue necesario un poquito (o mucho) de compromiso. De esta forma y sin más dilación, les propongo las siguientes dos lecturas.


CANDELA

Creo que de pequeña no sabía el significado de la palabra "comp

El compromiso…Es un concepto que nos hemos inventado los adultos (perdón, que se inventaron los adultos) y que sólo ellos pueden llevar a la práctica; de hecho estoy “casi casi” segura de que cuando yo era pequeña no tenía la más remota idea del significado de la palabra "compromiso", mi día a día se basaba en cumplir deberes impuestos desde el exterior, y mientras tanto, el resto de mi tiempo se colmaba de espontaneidad y como mucho, de promesas pequeñitas que en bastantes ocasiones quedarían incumplidas (sin que este hecho gozara de mayor relevancia).

Hoy en cambio todo mi mundo está repleto de compromisos. Aquellos que adquiero en el trabajo, con mi familia, con mis amigos, la sociedad en general, el medio ambiente, mi pareja, la política y, sobre todo, aquellos compromisos que me hago a mi misma, que suelen ser los más importantes, los que mejor me hacen sentir, pero también los más fáciles de romper. El resto de compromisos supongo que son más llevaderos (lo cual no quiere decir en ningún momento que no sea complicado llevarlos a cabo), pero en definitiva se basan en promesas más o menos implícitas que a veces acompañamos de algún ingrediente extra (llámese regalo, sorpresa…).

Sin embargo, de un concepto tan amplio me quedo ahora mismo con mi nuevo descubrimiento, resultado de extraer la esencia de uno de los compromisos más antiguos y que más satisfacciones produce: el compromiso de la pareja. Mi elección está justificada por motivos que no explicaré en este momento, salvo el hecho de que me he comprometido a escribir sobre el compromiso precisamente con la persona que he adquirido este compromiso en cuestión. Éste es un compromiso especial por muchas razones, pero especialmente, por aquellas referidas al amor, la sexualidad, la atracción, la compenetración..., aunque en un sentido más negativo también nos podamos perder por los caminos de la dependencia, exigencia, aislamiento social…etc. En cualquier caso pienso que es el culmen, la cima, el éxtasis de lo que podríamos llamar compromiso, un compromiso que a mi modo de ver consistiría simplemente en compartir, ser feliz y hacer feliz al otro contratante, y por supuesto, no perder el respeto por él/ella en ningún momento… y por último, y en lo que para mi radica lo esencial de este compromiso, es que si se lleva a cabo de una manera sana y sincera, nos ayuda a los dos miembros de la pareja a conseguir en nuestra rutina lo más lindo y placentero que podríamos obtener para nosotros mismos, y que se trata simplemente de ser y contribuir a que nuestr@ amad@ sea mejor persona.


LEON

Siendo consciente de mis limitaciones me enfrento a esta nueva propuesta literaria, justamente porque soy consciente de que puedo superar las limitaciones de las que me creo consciente. Este absurdo trabalenguas me sirve de preámbulo para exponer el concepto de compromiso. Pues el compromiso es... este trabalenguas. Eso, y mucho más (lógicamente, pues entonces ya habría acabado este escrito). Una estrategia muy adecuada para enfrentarse a un acontecimiento por el que, a partir de él, se desarrolla el sentido de aquello que deseamos explicar es, como decía, relatar una novela un tanto especial. Por decirlo de alguna forma, es una novela capaz de desplegarse, extendiendo papel y palabra por igual, transformando la profundidad en límite, en plano indivisible que recoge esa acción de ir y venir, de salir-entrar, de comer-respirar, de morir-nacer. Y al buscar directamente el acontecimiento, todo queda implicito. Permaneciendo en la acción. Ahí va mi novela, pues.

-- Lejos de permanecer lejos de ella, nuestro personaje la acompaña. Sabe que no es su mano. Que en algún momento de su historia se la cambiaron por otra, pero ahí espera, inmóvil, mirándola fíjamente, acariciándola, esperando sentir el tacto que ya no siente. No la ha elegido, pero tampoco en ningún momento dijo que no. ¿Por qué se extraña tanto de que siempre ambos vayan juntos? ¿Qué es lo que hace que uno y otro acaben por mirarse a los ojos, si saben que ese cuerpo y esa mano inicialmente no se crearon juntos? Nuestro protagonista también se pregunta qué daría por aquella mano bastarda, si le dijeran, por ejemplo, que van a cortar uno de sus dedos, ¿pondría la otra mano, la legítima? Una y otra vez erra en las preguntas. Otro día más espera en el banco del parque, ambos dialogan, quizás mentalmente, aunque algunas palabras se escapan de la boca de nuestro protagonista. ''No, no vamos por buen camino,... yo tampoco te elegí a ti... pero esa no es la cuestión... mírame cuando te hablo...'' Un curioso paseante se detiene ante ellos y los observa, todavía a cierta distancia. Como hipnotizado por los movimientos de la mano y las pocas palabras y muchos gestos que recibe ésta, sonríe recordando épocas pasadas. Lentamente, el paseante curioso se agacha y escoge una piedra ni muy grande ni muy pequeña. La acaricia con una de sus dos manos legítimas, la coloca entre tres de sus dedos y rápidamente se la lanza a nuestro protagonista. Éste cae en el césped de espaldas, sin haber asimilado siquiera qué ha podido ocurrir. Sin embargo, al incorporarse se da cuenta de que la piedra lanzada se encuentra en su mano bastarda. El paseante curioso se acerca rápidamente, disculpándose gestualmente y ayuda a nuestro protagonista a levantarse. Limpia de césped su espalda y comienza a hablar. ''Perdone por lo ocurrido, no pretendía herirle. De hecho, cualquier rasguño que haya sufrido se compensa con lo que le acabo de demostrar.'' Sus disculpas vehementes se acompasan con el sisear de su mano sobre la chaqueta llena de cesped de nuestro protagonista. - ''Perdone, pero no le entiendo.'' La mano, mira la mano, despistado protagonista, todavía no has soltado la piedra. Se mantiene en tensión. Descubrió vuestro camino antes que tú. - ''Perdone, pero no le entiendo.'' Volvemos a leer. ''Después de tantas preguntas formuladas, déjeme que le regale una, y a continuación me marcharé.'' Sonrisa despejada de franqueza, de satisfacción por la finalización de la pequeña novela. ''¿Usted está seguro de que su mirada no se dirige a la mano equivocada? En definitiva, la mano a la que Usted llama bastarda le salvó de que la piedra le golpeará en el rostro. Si no perteneciera a su cuerpo posiblemente ahora se encontraría con una brecha en la cabeza. Pues en el mejor de los casos, la otra mano, la que Usted considera legítima, es la que debería haberse anticipado... Buenas tardes, y buena suerte''. Hasta aquí el despliegue, pues la resolución depende de cada Protagonista. Algunos se preguntan cómo y cuándo se habrá producido esta terrible confusión, y otros habrán levantado alguna ceja legítima o bastarda al entender la superficie desplegada, al sumergirse en el Acontecimiento. Exacto, lejos de quedar en el compromiso, buscar en el meter-desmeter-prometer-descomprometer-cometer hasta que el único efecto de esta búsqueda sea la lógica del sentido.